LA MEDIACIÓN ES POSIBLE Y NECESARIA AÚN INICIADO EL PROCESO JUDICIAL

Cuando se trata de gestionar un conflicto las partes y sus abogados no suelen tener en cuenta los costes de la futura “batalla legal”. ¿Son conscientes de los años que tardarán en conseguir una sentencia?; ¿del desgaste económico y emocional al que se enfrentan durante ese largo periodo de tiempo?

Podemos preguntarnos, ¿qué puede aportar la mediación cuando se ha intentado la negociación entre los abogados de las partes sin éxito?

En www.abogadosenmediacion.es convertimos ese enconamiento en posibles vías de gestión del conflicto, aún iniciado el litigio.

  1. En los momentos preliminares, las partes acompañadas de sus abogados, participan en una sesión previa al inicio de la mediación, donde el mediador conversará con cada abogado por separado con el fin identificar los intereses que puedan ayudar en la resolución posterior del conflicto. Es esencial preparar a los clientes sobre la realidad de la negociación. A menudo los abogados ya han dispuesto a sus clientes sobre la necesidad de que contemplen unas expectativas realistas del resultado, pero en muchas ocasiones por razones estratégicas, los demandantes suelen partir de exigencias iniciales muy elevadas y poco realistas, y los demandados responden con ofertas muy a la baja. 
  2. Al comienzo de la mediación, ya sea en una sesión conjunta o en reuniones individuales, se pide a los participantes que se comprometan con el proceso.  Los litigios civiles pueden desencadenarse por situaciones que generan expectativas frustradas, que tienen una carga emocional, aunque sean motivados por casos puramente comerciales, pero que en todas las circunstancias, cuando se va entrando en el fondo de la cuestión, necesitamos que los participantes estén preparados para ir aterrizando en una realidad que permita encontrar el acuerdo y que sus reacciones no frenen o descarrilen la mediación por las emociones que rodean el litigio (dolor por el daño producido, aunque sea económico, o enojo por ser demandado). Esta preparación que favorece este aterrizaje que hemos comentado, suave y realista en el proceso de negociación, no suplanta que, en el transcurso de la mediación, se hable sobre los hechos, las fortalezas y debilidades del caso y las expectativas. El cliente que ha sido preparado por su abogado, cuando comienza la mediación, debe salir de sus posiciones para evitar posturas negativas o paralizantes. Los abogados se sienten presionados por la intransigencia de sus clientes en mantener posiciones irreales ya que las reuniones que mantienen con ellos no llegan nunca a la profundidad que una mediación puede proporcionar en cuanto a conocimiento de los verdaderos intereses en juego. En la negociación entre abogados, las partes en disputa tienden a escalar el conflicto y a percibir las concesiones y el compromiso como signos de debilidad y vulnerabilidad más que como posibles movimientos de creación de valor del acuerdo. Es definitiva la negociación se convierte en una batalla. Tener razón es lo único importante incluso a costa de la solución. Sin embargo, debajo de esas posiciones del “yo quiero” existen los intereses que mueven a reclamar el derecho, y con flexibilidad, apertura de mente y una orientación clara a la consecución de una salida, se divisarán aproximaciones reales a soluciones parciales o totales que satisfagan la solución a la problemática creada.
  3. El mediador por contraposición con la tradicional negociación de los abogados requiere de las partes de una  actitud proactiva, mente abierta, y una disposición a alcanzar un acuerdo extrajudicial, incluso en el caso de que se hubiera iniciado el procedimiento judicial, puesto que formalizar un acuerdo extrajudicial habiéndose iniciado la vía jurídica, evita los riesgos que conllevan los juicios: costas de litigios, coste emocional y psicológico por la tensión y estrés que se soporta y el riesgo reputacional que conlleva la publicidad de lo tratado en las sesiones, tras la pérdida de la confidencialidad.  Y siempre es posible paralizar el litigio para racionalizar, reflexionar, aterrizar y encontrar una solución consensuada. Los jueces lo agradecerán y las partes obtendrá una solución más realista, ágil, equilibrada y duradera. 
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