¿Cuantos ERTES terminarán en insolvencia?

El ERTE no es una figura nueva en el ordenamiento jurídico español. Si bien ha adquirido notoriedad por su abundante aplicación ante la situación económica generada por el Covid-19. El ERTE se configura como el primer escudo protector de las empresas ante la crisis derivada de la pandemia. Es el primer cortafuegos y sin este mecanismo nos encontraríamos en una situación aún más grave.

No podemos prever cual va a ser la evolución de la economía y si todas las empresas con ERTES en marcha, acabarán en insolvencia. Va a depender mucho del sector en el que desarrollen su actividad. Hay algunos cuya capacidad de maniobra está muy mermada como la hostelería, el turismo o el retail.

La crisis en la que ya estamos inmersos presenta muchas incógnitas. Al parón en seco de estos meses, hay que añadir las medidas para evitar un posible rebrote de los contagios y el desconocimiento sobre el futuro comportamiento del consumo. Como el miedo va a afectar al gasto de las familias, y la incertidumbre sobre la inversión institucional.

Las empresas deben prepararse y aprovechar las medidas societarias y concursales contenidas en Real Decreto 16/2020 que aportan un respiro a las empresas que presenten pérdidas, y a las que tengan en marcha convenios y acuerdos de refinanciación.

A día de hoy, todas deben revisar las obligaciones que tienen contraídas, todos los contratos: laborales, mercantiles, financieros, de suministros, etc., optimizar los costes; así como previsible evolución de las fuentes de ingresos . Todo ello para partir de una radiografía actualizada y lo más realista posible de su situación.

La falta de cultura concursal y la aversión a los costes y procesos que implica, hace prever que muchas empresas acaben en el cierre sin más.  Esta falta de cultura, tiene que ver con la tendencia a no reconocer la insolvencia como algo posible que puede sobrevenir por determinadas circunstancias a cualquier organización; con la inclinación a reconocerla cuando es demasiado tarde para intentar acuerdos, porque es algo “bochornoso”; y con la vocación a la frustración y darlo todo por perdido.Por ello, no preveo que exista una avalancha de solicitudes de concurso y menos aún de solicitudes de acuerdo extrajudicial de pagos. Como dato, baste decir que, en España durante los años de crisis de 2008, se alcanzó la cifra de máxima de 10.000 concursos al año.  

Esta falta de cultura solo sirve para agravar la situación del tejido empresarial y de la economía en su conjunto. Ahora bien, la situación actual presenta alguna nota positiva como es que las empresas están más receptivas; que somos conscientes que todos dependemos de todos, la falta de pago, repercute en los demás. En general, se observa mucha comprensión en el mercado, e incluso en los interlocutores financieros que necesitan limpiar su mala reputación derivada de la crisis de 2008.

Unido esto al régimen transitorio del Real Decreto, se pueden generar posibilidades para para que haya muchas empresas que tengan la oportunidad de reinventarse, aprovechar las nuevas demandas de consumo, etc. y evitar así su liquidación.  Con un poco de suerte y esfuerzo, aún hay esperanza…

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